
La hora de comer
Sobre la altura del bol, y por qué la evidencia dice lo contrario de lo que casi todos repetimos.
L'Animalier · 12 de agosto de 2026 · 3 min de lectura
Durante años vendimos el soporte de nogal con un argumento que nos parecía obvio: un perro de pecho profundo come mejor con el bol en alto. Es lo que dice medio internet y lo que decían nuestras propias fichas de producto. Fuimos a buscar el estudio que lo respaldaba y no existe.
Lo que sí existe son dos trabajos, y apuntan en direcciones distintas.
El primero es de Glickman y su equipo en Purdue, publicado en el JAVMA en el año 2000. Siguieron durante años a unos 1.600 perros de raza grande y gigante para identificar factores de riesgo de dilatación y torsión gástrica —la temida torsión, que mata rápido y sin aviso. Encontraron que comer de un bol elevado aumentaba el riesgo, y no un poco: alrededor del 20 % de los casos en razas grandes y del 52 % en razas gigantes fueron atribuidos a ese factor. El matiz es fino y vale citarlo entero: en las razas grandes el riesgo se asoció a boles de hasta unos treinta centímetros, y en las gigantes a boles más altos que eso.
El segundo, de Pipan y colaboradores en 2012, fue una encuesta en línea y no encontró aumento de riesgo.
Dos estudios, resultados que no coinciden, y una sola cosa en la que ambos están de acuerdo: ninguno encontró que el bol elevado redujera el riesgo. Esa asimetría es todo el argumento. Cuando la evidencia de beneficio es cero y la de daño es discutible pero real, la decisión prudente no está en el medio.
La revisión de Veterinary Evidence, que examinó los dos trabajos, llega a una conclusión que suscribimos: en perros de riesgo, lo más seguro mientras no haya más evidencia es dar de comer desde el suelo.
Qué significa eso para nuestros soportes. El de tamaño grande está pensado para perros grandes, que es exactamente la población donde la evidencia desaconseja la altura. Lo dejamos de recomendar para razas de pecho profundo —dogos, weimaraners, setters, pastores, galgos grandes— y lo decimos ahora en la ficha del producto. Para un perro pequeño o un gato, la torsión gástrica no es la enfermedad de la que hablamos, y un bol a la altura del pecho sigue siendo cómodo y sigue siendo bonito.
Lo que sí sostiene la evidencia sin discusión es lo otro que hacemos: el peso. Comer rápido está asociado de forma independiente a mayor riesgo, y un bol que se desliza por el piso obliga a perseguirlo, lo que acelera al perro. Torneamos el gres pesado para que se quede quieto. Eso no era decoración; resultó ser lo único de la pieza que estaba bien fundamentado.
Nos costó admitirlo por escrito. Nos habría costado más no hacerlo.
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Fuentes: Glickman LT et al., "Non-dietary risk factors for gastric dilatation-volvulus in large and giant breed dogs", Journal of the American Veterinary Medical Association, 2000. Pipan M et al., 2012. Knowledge Summary "Are Dogs That Are Fed from a Raised Bowl at an Increased Risk of Gastric Dilation Volvulus Compared with Floor-Fed Dogs?", Veterinary Evidence.
Esta columna no reemplaza a tu veterinario. Si tu perro es de una raza de riesgo, conversa la prevención de la torsión con él: hay medidas más determinantes que la altura del bol.
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