
El collar y el cuello
Qué le hace de verdad un collar al cuello de un perro, qué no, y cuándo un arnés es la respuesta correcta.
L'Animalier · 11 de agosto de 2026 · 3 min de lectura
Vendemos collares. Eso nos obliga a ser más cuidadosos con esta columna, no menos.
Hay una versión de esta conversación que circula desde hace años y que dice, más o menos, que los collares destruyen tráqueas y arruinan tiroides. Una revisión publicada en Frontiers in Veterinary Science en 2026 se tomó el trabajo de separar lo que está documentado de lo que se repite, y el resultado es incómodo para los dos bandos.
Empecemos por lo que no está probado. No hay reportes publicados de lesiones de cuello causadas por tirones de correa en el uso corriente. La disfunción tiroidea por presión del collar, el daño de columna por presión repetida de bajo nivel y la lesión de carótida o yugular figuran en la revisión como riesgos alegados, sostenidos por extrapolación y no por casos documentados. Si te dijeron que el collar de tu perro le está arruinando la tiroides, te dijeron algo que nadie ha demostrado.
Ahora lo que sí está documentado, que es más específico y más interesante.
La presión ventral en el cuello comprime las venas yugulares, y eso obstruye el drenaje del humor acuoso del ojo. El resultado es un alza de la presión intraocular. Pauli y colaboradores midieron aumentos significativos en perros que tiraban contra un collar, y no en los mismos perros con arnés. Un trabajo más reciente —Bailey y colaboradores, Veterinary Medicine and Science, 2025— fue más lejos: en perros braquicéfalos, los de hocico corto, la presión intraocular subía con collar incluso estando quietos y caminando con la correa floja. También midieron aumentos de frecuencia respiratoria con collar.
Para un perro sano eso probablemente no signifique nada. Para un perro con glaucoma, con córneas delgadas, o para un braquicéfalo, es una razón concreta para no usar collar en la correa.
Lo que también documenta la revisión, y que casi nunca se menciona: el arnés tampoco es gratis. Varios estudios confirman que los arneses —restrictivos y no restrictivos por igual— alteran la extensión del hombro y la longitud de la zancada. No es una razón para no usarlos. Es una razón para dejar de venderlos como si no tuvieran costo.
Y hay un daño de collar que sí está bien documentado, aunque casi nadie hable de él porque no es dramático: el collar demasiado apretado durante mucho tiempo. Inflamación, ulceración, necrosis. Los casos existen en la literatura clínica. Se previenen con dos dedos y treinta segundos, una vez al mes.
Dónde nos deja esto.
Un collar es identificación y es una pieza que se lleva. Nuestros collares se compran para eso, y para eso son excelentes: cuero curtido al vegetal que se ablanda con el uso, latón que se oscurece, ancho suficiente para repartir presión en vez de concentrarla. La banda ancha de nuestro martingala para lebreles no es un capricho estético; es superficie.
Para tirar de la correa, si tu perro tira, un arnés de enganche al pecho reparte la fuerza lejos del cuello. Nosotros no hacemos arneses. Cuando tu perro los necesite, cómpralo en otra parte y quédate con nuestro collar para lo que el collar hace bien.
Preferimos decirte eso a venderte algo que no deberías usar.
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Fuentes: "Health implications of dog-worn equipment: a review of known and alleged physical risks", Frontiers in Veterinary Science, 2026. Bailey et al., "Effect of a Collar and Harness on Intraocular Pressure and Respiration Rate of Brachycephalic and Dolichocephalic Dogs", Veterinary Medicine and Science, 2025. Pauli et al., "Effects of the Application of Neck Pressure by a Collar or Harness on Intraocular Pressure in Dogs".
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